El «rey noble», el rey bueno por excelencia, según quiere recordarlo la memoria colectiva, hijo intachable, vasallo leal, amigo de sus amigos, Carlos III de Navarra se presenta siempre como un personaje atractivo, dotado de una serie de virtudes humanas y políticas que en cierto modo marcan, sin embargo, el inicio del fin del reino privativo de Navarra. Pero el reinado de Carlos III, hábil vasallo —en Francia— de un infeliz señor, vértice entre el complicado reinado de su padre y las no menos densas crisis del siglo xv, comporta una relevancia considerable que recomienda una...