Paloma

—¿No quieres aprovechar hermano? No hay nadie. —Me señalaba una caseta de madera, un confesionario. Si bien soy prácticamente ateo sé bien de qué se trata el numerito—. El viaje es más ligero cuando llevas la conciencia limpia. Su voz modulada, la tranquilidad en su mirada, la sencillez de su ropa, impidió que lo mandara al carajo además que no quería llamar la atención. Él esperaba mi respuesta sonriéndome como si me conociera de toda la vida. —Le agradezco Padre, pero no creo que eso funcione con alguien como yo. —Todos son iguales ante los ojos de Dios, todos pueden...


























































