Angustias de un pez-volador
Conoce su argumento
El más patético de los animales, el Hombre-pez-volador, en este salto de un segundo de consciencia transitoria colecciona todo lo que puede acopiar, plumas al viento, granos de polvo, alguna hoja que quizás esté flotando en la superficie. Se tropieza con el pez que salta al lado, toma la iniciativa. Y después se disuelve en el agua con algunas salpicaduras que rápidamente desaparecen. Si en el micro momento antes de tocar con la cabeza el océano de la Nada, preguntáramos el color del maravilloso cielo que acababa de recorrer, no sabría la respuesta... ... Transitoriedad es la palabra que mejor definía a Arturo, porque así se sentía: un ser pasando de una forma a otra. Viajando como un pez-volador que había nacido cuando comenzaba a salir del agua para su salto y que, momentos después, caería nuevamente en la inconsciencia cuando volviera a tocar la superficie límpida, tranquila, indiferente de un mar infinito llamado Universo. Sabía que en esta reentrada por más que se agitara, sólo provocaría algunas salpicaduras que pronto desaparecerían.
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