Leer y proclamar
Conoce su argumento
En 2004 nos dijo san Juan Pablo II: «vosotros, lectores [...], tened viva conciencia del don que recibís con las tareas que se os encomiendan con vistas a una celebración adecuada a la Eucaristía», y el Sínodo Europeo de 1999 había declarado que un objetivo urgente en la vida de la Iglesia era (y sigue siéndolo, aunque otras cuestiones actuales en ella dominen nuestra atención) mejorar y uniformar el ministerio cuya importancia y responsabilidad siguen solo al del presidente en la Santa Misa: la proclamación de la Palabra de Dios por los lectores; pues una cosa es leerla y otra proclamarla con dignidad y con una preparación (en la que insistió en 2004 El Sacramento de la Redención) que incluya las cualidades óptimas para este ministerio y cuanto con él se relaciona litúrgicamente. Por eso, como curso parroquial o comunitario o en el currículo de los seminarios, Leer y proclamar es un método sencillo, pero exhaustivo en todos sus aspectos y problemas tratados, que su autor ha impartido como curso parroquial y a una comunidad de sacerdotes y hermanos cistercienses.
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