Inverosímiles

En este libro hay ráfagas, heridas sobre heridas; la llaga del mundo en una vena a punto de reventar de las veces que le tocó ser la parte más vulnerable de la inmemoria. Hay corazón henchido y una nube en exilio perenne —algo que se quedará siempre lejos, como la penumbra del eco—. ¿Cómo decir que a la vez que existen estampas infinitamente felices y hermosas como los «Días de agua de panela y flor de izote», habitan también las grietas y las mordidas llenas de oquedad de las fracturas en el hueso de los días desencarnados? Está por demás tratar de definir a una serie de...
